Un antioxidante es una molécula capaz de retardar o prevenir la oxidación de otras moléculas, por lo que en el  metabolismo aeróbico -proceso mediante el cual el cuerpo transforma el oxígeno en energía-, las reacciones de oxidación pueden producir radicales libres que dañan las células y se asocian al denominado estrés oxidativo, relacionado con enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, neoplasias, etc. 

Aun cuando el ejercicio físico regular proporciona muchos beneficios a la salud, resulta en un aumento en la producción de radicales en los músculos esqueléticos, sangre y tal vez otros tejidos promoviendo la fatiga durante las sesiones de ejercicio prolongado. Afortunadamente, las células contienen un sistema de defensa natural (antioxidantes) para proteger en contra del daño ocasionado por los radicales. Más aún, los antioxidantes de la dieta (por ejemplo, vitamina C y E) ayudan a estos sistemas endógenos para formar una red de antioxidantes en las fibras musculares.

EJERCICIO

La producción de radicales inducida por el ejercicio está influenciada por varios factores: intensidad y duración de la actividad, así como las condiciones ambientales; es decir, entre más intensa y/ó de mayor duración sea la sesión se producirán un mayor número de radicales libres. Por otro lado, el ejercicio de baja intensidad y corta duración generalmente no promueve estrés oxidativo en los músculos esqueléticos.

Ejercicio

FATIGA

La fatiga muscular se define como una reducción en la habilidad de un músculo para generar fuerza y puede presentarse en una amplia variedad de deportes y/ó durante las sesiones de entrenamiento de ejercicio intenso. 

Según la evidencia científica, la fatiga muscular ocurre durante ejercicios prolongados (> a 30 minutos o más por sesión). Esto quiere decir que cuando existe la contracción muscular en músculos esqueléticos, niveles bajos de radicales ayudarán a nuestro cuerpo a mandar señales de ‘contracción’ obteniendo un nivel óptimo de fuerza, lo que se traduce como: ‘entre menos radicales libres se produzcan, mayor será el rendimiento’. Aunque aún no está demostrado contundentemente, una suplementación extra de antioxidantes no mejora el rendimiento, pero una dieta balanceada, rica en estos nutrientes, podría contribuir a una mejor participación por parte del deportista.

Fatiga

TIPOS DE ANTIOXIDANTES

El estrés oxidativo resulta de un desequilibrio entre antioxidantes y oxidantes; esto ocurre cuando la producción de oxidantes excede la capacidad antioxidante. Pueden existir dos clases de antioxidantes:

Endógenos: Son aquellos que se producen en nuestro organismo trabajando como un equipo para proteger a las células en contra del daño ocasionado por los radicales. Por lo tanto, comparados con los individuos no entrenados, los atletas bien entrenados tienen niveles más altos de antioxidantes endógenos (Powers et al., 1999). Es decir, el atleta profesional produce mayor número de estos. 

Exógenos: Son aquellos que obtenemos de manera externa, en este caso, por medio de la dieta, los que incluyen: la vitamina E, la vitamina C, los carotenoides y  los flavonoides favoreciendo a la red de defensa antioxidante que se produce de manera endógena. Es decir, son un equipo conjunto.

Es importante hacer notar que altas dosis de antioxidantes (es decir, por encima de la dosis óptima) lo que se traduce como la suplementación podría ser perjudicial para el rendimiento deportivo. Resumiendo, existe muy poca evidencia para recomendar la suplementación de antioxidantes para el propósito de mejorar el rendimiento deportivo (Coombes et al., 2001). 

Principales fuentes exógenas de antioxidantes:

  • Aguacate
  • Moras, fresas, frambuesas, arándanos
  • Las coles
  • Zanahorias
  • Frutas cítricas: naranja, fresa, kiwi, uva, etc.
  • La cebolla (en especial la morada)
  • Espinaca
  • Tomate
  • Pimientos: rojo, verde, naranja.

antioxidantes

Escrito por: Lic. en Nutrición, Diana Dehesa.

Diana Dehesa

 

 

 

 

Contacto: nut.dianidehesa@gmail.com y @keyswood